EMPANADA GALLEGA

Durante el tiempo que viví en Múnich, tuve la oportunidad de conocer a gente procedente de diferentes nacionalidades y culturas. En muchas ocasiones organizábamos reuniones en torno a la mesa, la mejor forma de conocerse y de conocer una cultura, si me preguntas. En estas cenas cada uno tenía que llevar algo propio de la gastronomía de su país. Entre las opciones que barajaba en mi cabeza: croquetas, tortilla de patatas, paella… siempre elegía la empanada gallega.

Bueno, lo que yo entendía que era la única y exclusiva empanada gallega, la rellena de un sofrito de pimientos, cebolla y tomate y una buena ventresca de bonito. Posteriormente, cuando visité Galicia, me di cuenta que esta es solo una de tantas variantes de la empanada gallega, que puede estar rellena de zamburiñas, pulpo, bacalao con pasas, xoubas o zorza. Y no solo el relleno, sino que el tipo de masa también puede variar y no hacerse solo a partir de harina de trigo sino de maíz, como es el caso de la empanada de millo, creando una masa más fina y compleja.

Sea como fuere, hoy vamos a elaborar aquella que casi todos entendemos como la clásica empanada gallega y que era la que triunfaba ante paladares internacionales. Y es que toda cultura cuenta de alguna forma con una receta que consiste en una masa rellena de algún tipo de sofrito. Así que puede que se trate de la receta de la receta más internacional dentro de nuestra gastronomía.

INGREDIENTES

Para la masa:
  – 500 g de harina de trigo 

   – 1 pizca de sal
  – 250 ml de agua tibia 

  – 50 ml de mezcla de aceite sobrante del sofrito
   – aove
  – 25 g de levadura fresca de panadero 

  – 1 huevo

Para el relleno:
  – 1 cebolla dulce 1 pimiento rojo
  – 1 pimiento verde 

  – 1 lata (250 g) de tomates al natural pelados en conserva
  – 200 g de ventresca de bonito

PASO A PASO

1. Primero vamos a preparar nuestro relleno para que cuando vayamos a montar la empanada, éste esté frío y no interfiera así en el levado de la masa en el horno.

 

 

2. Pelamos la cebolla y la cortamos en brunoise o cuadraditos pequeñitos. Lavamos los pimientos,  les quitamos el rabo y las pepitas del interior y los cortamos igualmente en cuadraditos.

 

 

3. Llevamos las verduras a una sartén con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y las pochamos con una pizca de sal.

 

 

4. Cuando la cebolla esté transparente, añadimos la ventresca desmenuzada y los tomates que machacaremos en la sartén con ayuda de la espátula de cocina. Yo lo hago así porque me gusta encontrarme los trozos de la verdura, pero si lo prefieres puedes triturar el tomate previamente.

 

 

5. Dejamos que se cocine a fuego medio-bajo hasta que todo quede bien integrado y homogéneo, y quede un sofrito espeso. Aproximadamente unos 20 minutos.

 

 

6. Aun así, para que el sofrito no tenga exceso de agua ni de grasa, lo que interferiría en el cocinado de la masa, vamos a echarlo sobre un colador y dejar que escurra todo el líquido.

 

 

7. Este líquido no lo desechamos sino que lo vamos a usar para la masa, lo que le va a dar un extra de sabor increíble. Medimos con ayuda de un peso o una jarra medidora la cantidad de líquido que extraemos del sofrito y lo emplearemos en el lugar de la grasa para nuestra masa. Si todavía no llegamos a los 50 ml, completamos lo que falte con aceite de oliva virgen extra.

 

 

8. Desmenuzamos la levadura en el agua tibia y mezclamos bien con ayuda de una cuchara hasta que se disuelva.

 

 

9. En un cuenco mezclamos la harina con la pizca de sal y hacemos un hueco en el centro. En él volcamos el agua y la grasa. Mezclamos con ayuda de una espátula y cuando ya no podamos mezclar más, pasamos a una encimera ligeramente enharinada y amasamos con nuestras manos hasta que quede una bola con la superficie lisa.

 

 

10. Untamos ligeramente un cuenco con aceite de olivas virgen extra, y dejamos reposar la masa dentro, tapada con un trapo limpio de cocina durante 30 minutos.

 

 

11. Pasado este tiempo, desgasificamos la masa, la boleamos y la partimos en dos trozos aproximadamente iguales. Con ayuda de un rodillo, extendemos la masa dejando un grosor de 2 mm aproximadamente y recortamos los bordes con un cuchillo de modo que nos quede una forma rectangular.

 

 

12. Extendemos nuestro relleno sobre la masa dejando 1 cm en los cuatro bordes libres de relleno.

 

 

13. Extendemos la otra parte de la masa con el rodillo y la recortamos de manera que cubra únicamente el relleno. Con la masa que nos ha sobrado de los recortes formamos unas tiras de decoración que colocaremos como más nos guste. Eso sí, en el centro tenemos que dejar un agujero o chimenea, de modo que la masa respire y así quede bien crujiente.

 

 

14. Cerramos los bordes de la empanada cubriendo con los bordes de la masa inferior y haciendo un pequeño repulgue. Pintamos con huevo y llevamos al horno precalentado a 180º con un vaso de agua en el interior durante 45-50 minutos, o hasta que la empanada quede dorada.

 

 

15. Nada más salir la masa, y si nos ha sobrado lago de aceite del relleno, podemos  pintar la masa con este aceite. Le da un extra de sabor y un toque de color muy atractivo.

 

 

2023 | Todos los derechos reservados de la Isi